dijous, 27 de novembre del 2014

MALES QUE TIENEN REMEDIO

Siempre he creído ser muy afortunada por el hecho de saber desde muy pequeña qué quería ser de mayor. Aun a mi edad todavía hay personas que no encuentran su vocación ni actividad que es entusiasme tanto como a mí la mía. Me llamo Cristina Cano y soy cirujana.

Hace alrededor de dos meses estuve cooperando en una ONG llamada Médicos del Mundo
que trabajaba ayudando a las víctimas del fuerte terremoto que afectó la India.

Es difícil tomar la decisión de irse a un lugar insalubre y alejado de la mano de Dios como es la India, pero más difícil es ver que un país necesita ayuda y los demás lo ignoran por completo.
Un 20% de la población sufre heridas profundas debido seguramente a que las chavolas en las que viven se derruyerón sin dar tiempo a que el fuerte terremoto de cinco grados en la escala de Ritcher, les diera tiempo a salir.
Ayudé a muchas personas y aunque fue muy gratificante también me invadió la frustración ya que por muchas personas que ayudase nunca eran suficientes.
Además de los heridos en el terremoto, también se generaron peleas por los alimentos que se repartían ya que se escaseaban.

Mujeres, hombres u hasta niños se abrian a empujones entre la aglomeración de afectados para poder comer tan solo una vez al día.

Hacemos todo y más. Médicos, cirujanos, farmacéuticos... Un equipo inmenso de personas intentamos erradicar este foco de muertes, hambre e insalubridad pero no debemos olvidar no quedarnos solo en las intenciones y hacer de nuestro propósito una realidad.

Todos los medicamentos, comida y ropas que desaprovechamos, otros los echan en falta y estarían muy agradecidos de tenerlos. No solo debemos compadecernos, debemos actuar.